jueves, 30 de junio de 2011

Mi gran amigo, el Sr. Andrés.

No se si muchos de vosotros vais andando por la calle y mirando la cantidad de edificios que están en los huesos, quizás muertos de hambre buscando un nuevo dueño que les dé de comer. Edificios en estructura, abandonados por constructores que se montaron en un caballo que circulaba a galope en un circuito de mercado, sin haber dado clases de como montar.
No echemos la culpa al constructor, quizás él sea el último eslabón de una larga cadena de los "sin dinero", Ayuntamientos sin dinero, promotores sin dinero, bancos sin dinero, gobiernos sin dinero, prensa sin dinero, todos ellos endeudados hasta dimensiones que en toda su existencia podrán cubrir.
La pregunta de todos es la misma ¿Nadie veía venir esta catástrofe? La respuesta es SI.
Pero, ¿Quién se atreve a crear miedo dentro de un mundo que funciona tan bien y crea tantos intereses?

Imaginemos que vivimos en un sueño en lo que todo va bien, todos son felices y cubren todas y cada una de sus espectativas en la vida, sería como flotar en una burbuja ¿No? Pues algo así ha estado ocurriendo en el transcurso de unos 5 años en el mercado, la denominada Burbuja Inmobiliaria.
Miro diferentes artículos de prensa, antes de que todo esto explotara nadie, absolumante nadie, se mojó en escribir sobre cuál sería el fin de este culebrón. Todo estadísticas buenas, reducción notable del paro, crecimiento de la economía, la buena salud de la Nación... ¿Y ahora? ¿De qué hablan? Pues se limitan a decir que todo esto viene de fuera, ahora Sr. Andrés, ya no te quiero.

Ahora bien, no echemos la culpa al promotor, al especulador y a las entidades financieras, que fueron lo que permitieron un flujo constante de dinero al sector. El problema es que el tercer actor en cuestión pasa desapercibido, por ser discreto o por estar revestido de legitimidad que otorga defender los intereses de todos, pero no por eso, menos voraz, me refiero a las administraciones tributarias, que han participado como la cabeza mandante de este festín inflacionista de estos ultimos años

Un reciente estudio ha comparado entre 23 países de todo el mundo la carga fiscal acumulada soportada por la promoción de viviendas (para venta o alquiler) y la construcción de un edificio de oficinas o de un hospital (ambos para alquiler). Los resultados son demoledores.

España es uno de los más caros en materia de fiscalidad inmobiliaria. En oficinas de alquiler, la carga fiscal anualizada para un inversor es del 31,22% de la renta bruta, alcanzando el 40,58% en el caso de un hospital. Estos datos superan a los de Alemania, Francia, Italia, China o Brasil, y sólo quedan por debajo de los de EEUU y Reino Unido.

En el mercado residencial, aunque la comparación mejora, el 16,76% de carga fiscal agregada al precio de venta de una vivienda en España está por encima de países más desarrollados como EEUU, Reino Unido, Suiza o Italia. Si el promotor opta por alquilar, deberá destinar un 35,88% de la renta anual al pago de impuestos, valor que sólo superan EEUU y Francia.

Entre los ejemplos que demuestran la contribución de la fiscalidad al proceso inflacionista está el Impuesto de AJD(imp. sobre actos jurídicos documentados), que las Comunidades Autonomas recaudan hasta cinco veces desde la compra del terreno hasta la venta del piso acabado. En 10 años, este impuesto se ha duplicado y hasta triplicado en algún caso. También el ITP(impuesto sobre tramitaciones patrimoniales) subió en su día del 6% al 7%. En el ámbito municipal, la gran mayoría de Ayuntamientos aplica los tipos más altos permitidos por la ley en los tributos que gestionan (IBI (impuesto sobre bienes inmuebles), ICIO(imp. sobre construcciones y obras) o la “Plusvalía Muncipal”). En el alquiler residencial, el IVA soportado durante el proceso constructivo también se convierte en un coste no recuperable.
En este contexto, el gobierno ha aprobado otra vuelta de tuerca más (eso sí, presentada como sostenible y solidaria): subida del IVA, supresión casi generalizada de la deducción en IRPF por compra de vivienda y revisión de valores catastrales.
Iniciativas destinadas a recuperar el interés de los inversores, como la Ley de Sociedades Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario, son bien recibidas pero, ¿no estamos empezando la casa por el tejado? Para relanzar el sector, sería quizás más lógica una política fiscal unificada para abaratar los impuestos en el proceso de desarrollo y gestión inmobiliaria que encarecen el producto final. No será fácil, pues la recaudación procedente del ladrillo siempre ha sido esencial para las administraciones territoriales.

En pleno 2011, creo que ya no se pueden inventar más impuestos sobre el mercado inmobiliario. De hecho creo que muchos de estos impuestos los ignoraba.
Lo que es curioso es como tantísimo dinero ha desaparecido, quedando en manos de los mismos de siempre, que ahora declaran bancarrota sin tener nada a su nombre y con cuentas Suizas abarrotadas.
Sr. Andrés, tiene Usted enfadado a todo un mundo desarrollado, mire a ver si puede arreglarlo, que muchos de mi sector le estaremos agradecidos, si no interesados, eternamente.

viernes, 24 de junio de 2011

Bienvenidos a mi nuevo blog

Hola a amigos y a compañeros de profesión: Mi nombre es María José Fernández (Jose), soy Arquitecta Técnica por la Universidad Politécnica de Cartagena y me encuentro ampliando conocimientos constantemente. He dado vida a este blog porque voy a subir en él la peculiar visión que tengo del mundo de la arquitectura, y no me refiero a edificios como tal, sino todo lo que hay detrás. Desde temas políticos y sociales, temas de actualidad y pequeños estudios que iré realizando sobre esta crisis que está afectando demasiado a nuestro sector, así como una crítica a las competencias mal establecidas que están dañando nuestro futuro en la profesión.
Tengo 28 años y como muchos de vosotros, compañeros, con tiempo libre para dedicarme a este blog. Así que os doy la bienvenida y espero que me ayudeis a sacar esta criatura hacia delante. Un saludo a todos. ^^

Sigueme por correo